
El auge de la moda adaptativa y los senior influencers
Las pantallas de TikTok, Instagram y YouTube están experimentando una revolución generacional que desafía los estereotipos tradicionales de la vejez.
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Las pantallas de TikTok, Instagram y YouTube están experimentando una revolución generacional que desafía los estereotipos tradicionales de la vejez.
Leer notaCuando un joven dice que ya no quiere vivir, la reacción suele ser inmediata: la familia se alarma, busca ayuda y trata de entender qué está pasando. Con las personas mayores sucede algo muy distinto.

Hay un momento en la vida familiar que casi nadie sabe exactamente cuándo empieza. Primero es una llamada para saber si mamá llegó bien a casa. Después, acompañarla al médico, ayudar a papá con algún trámite o comenzar a preocuparse porque ya no camina con la misma seguridad. Hasta que un día nos damos cuenta de algo: nuestros padres, quienes durante décadas cuidaron de nosotros, ahora necesitan que nosotros los cuidemos a ellos.

¿Alguna vez nos hemos detenido a pensar qué ocurre cuando empezamos a llamar a una persona únicamente por su edad o por el papel que ocupa dentro de una familia? Porque una persona no deja de ser María, Jorge, Carmen o Roberto cuando se convierte en abuela o abuelo. Tampoco deja de tener gustos, opiniones, proyectos, deseos, historia y capacidad para decidir sobre su propia vida.

Hablar de salud mental después de los 60 no significa asumir que esta etapa está inevitablemente acompañada de enfermedad o sufrimiento. Por el contrario, significa reconocer que el bienestar emocional sigue siendo tan importante como la salud física y que, cuando aparecen dificultades, existen formas eficaces de comprenderlas y tratarlas.

Vivimos una época extraordinaria: las personas estamos viviendo más años, con más salud, más preparación y con un enorme deseo de seguir aportando. Sin embargo, todavía existe una idea equivocada que debemos transformar: pensar que cuando una persona cumple cierta edad empieza a perder valor profesional.

Hay una idea que circula en silencio, casi sin cuestionarse: que el amor romántico es cosa de jóvenes. Que pasados los setenta años, el deseo de tener pareja, de sentir ternura compartida, de no dormir solo, es algo un poco ridículo, quizás vergonzoso, o en el mejor de los casos, tierno pero irrelevante.

En México, más de 38 de cada 100 adultos mayores viven con depresión, y la mayoría no lo sabe. No porque no sufran, sino porque esta enfermedad, en la vejez, habla un idioma diferente: el del cuerpo.

Vivimos en una cultura que teme envejecer. Basta mirar los anuncios, las redes sociales, el lenguaje cotidiano: la vejez aparece como algo que hay que combatir, disimular, retrasar a toda costa.

Comencemos por definir que un adulto mayor es una persona de 60 años o más que atraviesa un proceso de envejecimiento físico, biológico, fisiológico y mental. Durante esta etapa, se presenta una pérdida progresiva de funciones tanto físicas como cognitivas, así como un mayor daño celular.
