OPINIÓN

¿Cómo educar nietos buenos en tiempos violentos?

Se viven tiempos complicados en los que cualquier altercado se puede convertir en un exabrupto de violencia, tanto en niños, adolescentes y adultos, pues la mayoría estamos estresados, cansados, agobiados y fastidiados… Pero eso no significa que la violencia tenga un origen positivo ni que deje alguna huella beneficiosa; al contrario, la violencia nos destruye a todos y cada uno de nosotros, y genera rencor y resentimiento en quien la sufre.

07 October 2026 · OPINIÓN

¿Cómo educar nietos buenos en tiempos violentos?

Se viven tiempos complicados en los que cualquier altercado se puede convertir en un exabrupto de violencia, tanto en niños, adolescentes y adultos, pues la mayoría estamos estresados, cansados, agobiados y fastidiados… Pero eso no significa que la violencia tenga un origen positivo ni que deje alguna huella beneficiosa; al contrario, la violencia nos destruye a todos y cada uno de nosotros, y genera rencor y resentimiento en quien la sufre.

Para no ir muy lejos, hoy por la mañana un coche se le cerró a otro —hacía mucho tiempo que no veía a alguna persona bajarse a golpear a otra por un tema de tránsito—, pero así fue, lamentablemente. Posteriormente llegué a una oficina y un señor se encontraba gritándole a una señora mayor porque, aparentemente, se saltó su lugar y ya estaba a punto de agarrar a golpes a una persona de la tercera edad; pues, obviamente, todo el mundo entró a defenderla. Pero esto y mucho más es lo que los niños y las niñas ven como ejemplo.

El estrés de una gran ciudad, la falta de habilidades socioemocionales de los adultos y la necesidad apremiante de conseguir dinero, sumados a la crianza permisiva y a las imágenes violentas y sádicas que ven constantemente en televisión, tabletas y demás dispositivos —con luz pulsada de alta velocidad que altera el sistema nervioso central—, dan un resultado terrible, terrorífico: ya no es bullying aislado, con momentos de violencia por cierta condición, sino una forma de convivir, normalizándolo todo. Incluso los alumnos dicen: “Así nos llevamos”, desacreditando cualquier corrección. 

Es importante saber que la violencia escolar generalizada conduce al pandillerismo, como vimos el fin de semana en las protestas que hubo en la Ciudad de México. Y no solo eso, sino que del pandillerismo pasamos al descontrol. Como decía Goethe en su obra maestra Fausto: “Si tuviese que elegir entre la justicia y el orden, elegiría siempre el orden, porque no puede haber justicia en un desorden”.

Pero hoy parece que ese desorden es lo que reina en nuestros hogares y nuestras familias, ya que la prisa del trabajo, los divorcios, la soledad y el rápido movimiento de cada día hacen que los padres estén más desconectados de sus hijos y requieran mayor apoyo de los abuelos. Sin embargo, a los hijos no parece gustarles del todo que sus abuelos estén a cargo, lo cual, de entrada, les genera enojo.

En segundo lugar, los abuelos muchas veces no tienen la autoridad para poder ir guiando a esos niños hacia el bien. Y, en tercer lugar, cuando los papás llegan cansados por la noche, los hijos se quejan de que la abuela les dijo que se lavaran los dientes, que comieran, que hicieran tarea o lo que fuera; entonces se pelean y reclaman por qué les dijeron así… y todo se va al tema de las formas y no del fondo.

El fondo es que los abuelos te están ayudando con tu crianza; te están ayudando a que puedas sobrevivir, literalmente, en el tema económico, y lo menos que necesitan son reclamos. Al contrario, es poner esta gratitud sobre la mesa y darles la autoridad que requieren para seguir guiando a nuestros hijos.

El mundo se está yendo hacia el mal; el mal se quiere llevar a nuestros niños y niñas. Las pandillas y los grupos delictivos, que empiezan desde la adolescencia, están cada vez más presentes y, si nosotros como padres no tenemos a alguien que cuide de sus emociones y de sí mismos, pueden pagar consecuencias altísimas para el resto de su vida, porque todos sabemos que una decisión entre los 14 y los 24 años te cobra la factura para siempre.

Por ello, desde este momento dale autoridad a los abuelos. Si te están ayudando una vez a la semana o todos los días con tus hijos o hijas, por favor haz un acuerdo: establece reglas mínimas de convivencia. Pégalas en el refri. Fírmalas. Diles a tus hijos que tú respaldas a tu mamá, a tu papá, a tu suegro o a tu suegra, y con esto el contexto va a cambiar.

Le damos muy poca importancia al tema de las reglas escritas y firmadas por todos, pero créeme que se convierten en acuerdos de convivencia que, aun sin estar repitiéndose todos los días, generan cambios estructurales en las familias.

Y ¿sabes? Honor a quien honor merece. Si tus padres o suegros te ayudan en esta labor prioritaria que tienes en la vida —que es formar a los nuevos seres humanos del planeta—, lo mínimo que merecen es que digas GRACIAS y que los festejes por lo menos cada dos meses, llevándolos a comer o al cine, ya que juntos están sacando adelante a las nuevas generaciones.

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