SALUD Y BIENESTAR

Envejecer no significa tener que dormir mal.

A medida que pasan los años, el cuerpo cambia y el sueño también. Muchas personas mayores notan que les cuesta más trabajo quedarse dormidas, que se despiertan varias veces por la noche o que se levantan más temprano de lo que quisieran.

06 June 2026 · SALUD Y BIENESTAR

Envejecer no significa tener que dormir mal.

En la vejez dormir ya no se siente igual que antes, y no es una idea: es biología. A medida que pasan los años, el cuerpo cambia y el sueño también. Muchas personas mayores notan que les cuesta más trabajo quedarse dormidas, que se despiertan varias veces por la noche o que se levantan más temprano de lo que quisieran. Y aunque esto puede parecer preocupante, en realidad es parte normal del proceso de envejecimiento.

De acuerdo con los datos de la Encuesta Nacional sobre Salud y Envejecimiento en México (ENASEM), cuatro de cada diez adultos mayores (el 41.1%) declaran tener serias dificultades para conciliar o mantener el sueño. Esta prevalencia de insomnio y descanso no reparador afecta de manera más aguda a las mujeres mayores de 60 años y a quienes residen en zonas urbanas, donde el problema suele agravarse por el sedentarismo, el uso nocturno de pantallas y la coexistencia de enfermedades crónicas como la hipertensión, la diabetes o síntomas depresivos.

El punto clave está en entender qué está pasando. Con la edad, el sueño se vuelve más ligero. Se pasa menos tiempo en las etapas profundas (las que realmente hacen que uno se sienta descansado) y aumenta la probabilidad de despertarse con cualquier estímulo: ruido, luz o incluso pensamientos. También influyen factores físicos como el dolor crónico, la necesidad de ir al baño en la noche o ciertos medicamentos.

Ahora bien, que sea común no significa que no se pueda mejorar. De hecho, una buena higiene del sueño puede hacer una diferencia clara. Mantener horarios fijos para dormir y despertar ayuda a regular el “reloj interno”. Exponerse a la luz natural durante el día también es clave, porque regula los ritmos circadianos, es decir, el ciclo natural de sueño y vigilia.

Otro punto importante es reducir estímulos antes de dormir. La televisión, el celular o incluso las preocupaciones activan el cerebro justo cuando debería empezar a desacelerar. Crear un ritual sencillo, como leer, escuchar música suave o practicar respiración, puede enviarle al cuerpo la señal correcta: es hora de descansar.

Dormir bien no es un lujo, es una necesidad. El sueño impacta directamente en la memoria, el estado de ánimo y la prevención de enfermedades. Dormir mal de forma constante se ha vinculado con mayor riesgo de depresión, deterioro cognitivo y problemas cardiovasculares.

El sueño cambia, sí, pero no tiene que empeorar inevitablemente. Con pequeños ajustes, se puede recuperar calidad de descanso y, sobre todo, calidad de vida.

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