APRENDIZAJE

Los viejitos y el uso de celulares en México

Sentir frustración o miedo de "picarle al botón equivocado y descomponer algo" es completamente normal. Sin embargo, ver la tecnología como un enemigo es perdernos de una de las herramientas más poderosas que existen hoy para proteger algo sagrado: nuestra independencia.

15 June 2026 · APRENDIZAJE

Los viejitos y el uso de celulares en México

De repente, el mundo se llenó de códigos QR, aplicaciones para el banco, trámites gubernamentales en línea y pantallas táctiles en todos lados. Para muchos de nosotros, este cambio no llegó como una invitación, sino como una imposición que, en lugar de facilitarnos las cosas, parece habernos puesto un muro enfrente.

Sentir frustración o miedo de "picarle al botón equivocado y descomponer algo" es completamente normal. Sin embargo, ver la tecnología como un enemigo es perdernos de una de las herramientas más poderosas que existen hoy para proteger algo sagrado: nuestra independencia.

De acuerdo con los datos más recientes de la Encuesta Nacional sobre Salud y Envejecimiento en México (ENASEM), más del 84% de la población de 50 años y más ya utiliza herramientas digitales de manera regular, principalmente a través de smartphones para comunicarse y acceder a redes sociales. 

Aprender a usar la tecnología a nuestro favor no es para volvernos ingenieros, sino para que nadie tenga que decidir por nosotros, para seguir conectados con los que queremos y para movernos por el mundo con seguridad.

El primer gran obstáculo no son los aparatos, sino la idea de que "esto ya no es para mí". Nos da pena preguntar cómo se hace una videollamada o cómo se descarga un documento porque sentimos que estamos molestando a los hijos o a los nietos.

La tecnología se equivoca más que tú; no le tengas miedo. Aprender a usar un teléfono inteligente es como aprender a manejar o a cocinar: requiere práctica y paciencia. Equivocarse es parte del proceso, y borrar un mensaje por error no va a colapsar el sistema.

Tener que pedirle a un hijo que nos haga una transferencia o depender de que alguien nos acompañe al cajero porque la aplicación móvil parece un laberinto puede llegar a ser incómodo. La autonomía también es financiera.

Dominar las funciones básicas de la aplicación de tu banco o aprender a sacar una cita médica en línea no es un lujo, es una herramienta de protección. Cuando aprendes a hacer tus propios movimientos digitales, recuperas el control absoluto de tu tiempo y de tus recursos, sin rendirle cuentas ni pedirle favores a nadie.

La tecnología bien entendida es una ventana al mundo que combate directamente el aislamiento. Nos permite estar presentes en la vida de los que están lejos, pero bajo nuestros propios términos.

Aprender a mandar una ubicación en tiempo real cuando sales a caminar te da seguridad a ti y tranquilidad a tu familia. Organizar una videollamada para ver a un amigo que vive en otra ciudad o compartir fotos sin depender de que alguien te configure el teléfono te devuelve la iniciativa social. La tecnología debe servir para acercarnos, no para hacernos sentir a la sombra.

Hoy en día, un teléfono o un reloj inteligente pueden hacer mucho más que enviar mensajes. Son aliados silenciosos que nos cuidan mientras seguimos disfrutando de la vida activa.

Configurar recordatorios automáticos para las medicinas, usar aplicaciones que miden tus pasos cuando sales a ejercitarte o saber cómo activar el botón de emergencia de tu teléfono son conocimientos que salvan vidas y prolongan tu autonomía. Estar actualizados en esto es una forma de amor propio.

No necesitamos dominar todas las aplicaciones del mercado ni estar pegados a una pantalla todo el día. El verdadero aprendizaje digital consiste en elegir las herramientas que te hacen la vida más fácil, segura y libre. La tecnología es solo un medio; el control y la decisión siguen siendo tuyos.

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