Tomar medicamentos es parte de la vida para muchas personas mayores. Pero hay algo que pocas veces se explica con claridad: el cuerpo cambia con la edad, y eso modifica la forma en que los medicamentos actúan.
En México, la demanda de medicamentos en la vejez está estrechamente ligada a la alta prevalencia de enfermedades crónicas, posicionando los antihipertensivos (como el losartán y el amlodipino), así como los hipoglucemiantes (como la metformina y la insulina) como los fármacos de mayor consumo diario.
Con el paso del tiempo, órganos como el hígado y los riñones (responsables de procesar sustancias) funcionan con menor eficiencia. Esto significa que ciertos medicamentos pueden tardar más en eliminarse del organismo, acumulándose y generando efectos secundarios inesperados.
A esto se suma un fenómeno muy común: la polifarmacia, es decir, el uso de varios medicamentos al mismo tiempo. Se estima que una parte importante de los adultos mayores consume múltiples fármacos diariamente, lo que incrementa el riesgo de interacciones entre ellos.
El problema no es solo la cantidad, sino la combinación. En algunos casos, se crea lo que los especialistas llaman “cascada farmacológica”: un medicamento provoca un efecto secundario, y se prescribe otro para tratarlo, generando un círculo difícil de romper.
Datos del Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores (INAPAM) y de la ENASEM revelan que al menos el 40% de los adultos mayores en el país consume de manera cotidiana de cuatro a cinco medicamentos distintos por semana, una situación que, combinada con la automedicación, eleva sustancialmente el riesgo de interacciones farmacológicas adversas, toxicidad y recaídas.
Las consecuencias pueden ser serias: mareos, caídas, confusión, somnolencia excesiva o problemas digestivos. Y en muchos casos, estos efectos no se relacionan inmediatamente con los medicamentos, sino que se interpretan como parte del envejecimiento.
¿Qué se puede hacer? Lo primero es simple pero poderoso: revisar periódicamente todos los medicamentos con un médico. Tener una lista actualizada (incluyendo lo que se compra sin receta) ayuda a detectar duplicidades o riesgos.
También es clave evitar la automedicación. Algo tan común como tomar analgésicos o pastillas para dormir sin supervisión puede aumentar significativamente el riesgo de caídas o complicaciones.
Los medicamentos son una herramienta valiosa, pero su uso debe ser consciente. Bien administrados, mejoran la calidad de vida. Mal combinados, pueden complicarla.



