Recetar por inercia, mantener tratamientos de por vida sin revisarlos y llenar los botiquines caseros de múltiples pastillas se ha convertido en una epidemia silenciosa que pone en riesgo la salud de millones de personas mayores.
Investigaciones recientes apuntan a una realidad tan común como peligrosa: el uso excesivo de medicamentos y la toma de fármacos que, con los años, dejan de ser útiles o se convierten en una verdadera amenaza para el organismo.
A medida que el cuerpo envejece, el metabolismo cambia radicalmente: procesa los químicos con mayor lentitud, los riñones y el hígado trabajan a otro ritmo, y lo que funcionaba a los 50 años puede generar efectos adversos graves a los 70 o 80.
Sin embargo, la costumbre médica de sumar recetas en lugar de depurarlas crea un círculo vicioso difícil de romper.
El peligro oculto de las benzodiacepinas
Utilizadas comúnmente para combatir el insomnio y la ansiedad, estos fármacos ofrecen un alivio rápido pero generan una fuerte dependencia. Hay casos como el Diazepam, Clonazepam, Lorazepam, entre otras.
Su uso prolongado en la tercera edad incrementa drásticamente el riesgo de somnolencia diurna, pérdida de reflejos y caídas graves que derivan en fracturas de cadera.
Retirarlas no es sencillo y requiere un proceso de reducción gradual y estrictamente supervisado por especialistas para evitar la abstinencia.
Antibióticos recetados por costumbre
Muchas infecciones leves o virales terminan siendo tratadas con antibióticos "por si acaso", generando resistencia bacteriana y alterando la flora intestinal de un sistema inmunológico ya de por sí vulnerable, sin aportar un beneficio real.
Para infecciones de vías respiratorias frecuentemente se recetan medicamentos como la amoxicilina, azitromicina o cefalexina. El problema está cuando no se trata de una infección, sino de un cuadro viral. Si para “prevenir” se recurre a los antibióticos, sólo se alterará la microbiota intestinal, se debilitarán las defensas naturales y generarán resistencia bacteriana en el organismo.
El mito de la aspirina diaria y otras rutinas preventivas
Millones de adultos mayores han asumido como un ritual inofensivo tomar aspirina u otros protectores de manera autónoma pensando que cuidan su corazón.
No obstante, en muchos casos los riesgos de hemorragias estomacales superan con creces los beneficios preventivos actuales, existiendo ya estrategias cardiovasculares mucho más modernas y seguras.
Menos es más: el nuevo paradigma geriatríco
El verdadero reto en el cuidado de las personas mayores radica en cambiar el chip de "una pastilla para cada síntoma". En la medicina geriátrica, el principio rector debería ser siempre el opuesto: menos es más.
Revisar periódicamente el botiquín con un médico general o geriatra, cuestionar la necesidad real de cada medicamento y preguntar abiertamente si un tratamiento ya cumplió su ciclo es un acto fundamental de prevención. Por eso en CANAS MX siempre recomendaremos visitar a su médico de cabecera para recibir la mejor orientación.
El objetivo supremo en la madurez no es acumular recetas para mantener estadísticas clínicas estáticas, sino garantizar una vida con autonomía, libre de mareos innecesarios, caídas evitables y efectos secundarios que opacan la calidad de vida.



